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La energía eólica en Galicia: ¿Uso o abuso?

 

 

 

Una historia de gigantes, sin finales felices, ni caballeros ni princesas.

 

Son –lo dicen quienes se han detenido a la sombra de sus pies– una de las estructuras artificiales modernas más impresionantes que la vista pueda contemplar. Colosales, afiladas, erguidas e imparables sobre su base de hormigón, alzadas en una carrera infinita hacia las nubes que de alguna manera parece haber sido detenida en el tiempo; sumisas y vigilantes, como señores de un mundo perdido y antiguo que jamás volverá.

 

Igualmente sorprendentes son, incluso en la distancia, cuando sus enormes aspas no se encuentran a pleno rendimiento. Estos gigantes son el resultado de investigaciones y estudios, los cuales, a pesar de su intención en principio respetuosa, han sido construidos en materiales no biodegradables: poliéster, aleaciones de aluminio, fibras de vidrio y carbono, etc, que además de ser materiales más ligeros y resistentes, son altamente contaminantes.

 

 

 

Serra do Xistral (Lugo)

 

 Serra do Xistral (Lugo): la Naturaleza contra el Hombre. Una lucha de ignoto destino aunque desigual

 

Los aerogeneradores son unos ingenios muy capaces que, sobretodo cuando trabajan al máximo de sus posibilidades, modifican y alteran auditivamente la paz de sus aledaños mucho más de lo que nos imaginamos. Y es que el sonido provocado por el empuje de cualquiera de sus “palas” contra la resistencia del aire, sumado a sus innegables y fantásticas dimensiones, son capaces de provocar entre 50 y 105 decibelios en torno a su centro, rebasando en muchos casos y en las mejores condiciones, los 40dB (el mismo que produciría una vieja nevera) en los siguientes 400 metros. Cifras por otra parte, que irán variando dependiendo de si el terreno es más o menos abrupto o si este concluye en una pendiente. Insignificantes si las comparamos con las que a diario podemos obtener en un medio tan ruidoso como en cualquier ciudad, pero que sin embargo resultan más llamativas al encontrarse dichos aerogeneradores no sólo en parajes solitarios, sino también en grupos más o menos numerosos con varias unidades vibrando en movimiento y al mismo tiempo (ver dibujo).

 

Decibelios según distancia.

 Gráfico que muestra el nivel de decibelios según la distancia.

 

Así, son varios miles de aerogeneradores (aproximadamente 19.000 registrados según los censos oficiales del año 2012; muchos más en cuanto se finalicen los nuevos proyectos, todavía sobre el plano) los que configuran la maltratada orografía del territorio español. Paradigma sintomático y punta de lanza, de una alternativa energética engañosa y cobarde a la que se la ha tildado de pronto, porque así la sociedad lo demandaba, como energía limpia y renovable. Término no exento de buenas palabras y sentimientos, pero que en el fondo guarda otros intereses que poco o nada tienen que ver con el respeto por el medio ambiente. Y es que no parece (ni es) lógico creer en que el fin justifica los medios, mientras a la vez son usurpadas gran parte de nuestras montañas, sierras y mesetas; exactamente un tercio de ellas parques naturales, y que por increíble que parezca puedan saltarse los límites y las normas que de manera incuestionable fueron redactadas como ley siendo una medida especial y edicto de protección.

Ya sea en solitario o por parejas, aunque generalmente reunidos por decenas en grupos homogéneos bajo un mismo denominador, los aerogeneradores, tanto en Galicia como en el resto del estado español, siguen año tras año ganando terreno a la costa, asolando montañas, llanuras y mesetas, a la espera de que el gobierno dictamine un nuevo proceso por el cual se incluyan nuevos parques a varias millas de distancia en ultramar. “Abasteciendo” –entrecomillado que usaremos a menudo, aunque como iremos viendo no por capricho– a los distintos municipios, mediante plataforma solitarias, o como en el caso de determinadas zonas, llegando hasta la impresionante cifra del centenar; superando en todo caso y en su conjunto con el resto de España, la barrera de los 22.700 MW totales de potencia. Desde sesenta a noventa metros erguidos desde el suelo y en vertical, a los que se le suman el arco de giro de cualquiera de sus palas; ambas rotando en una superficie invisible con una distancia similar. Un claro ejemplo de este despropósito lo encontramos en la hasta la llegada de los aerogeneradores, imperturbable y enigmática Serra do Xistral; en la actualidad herida de gravedad por la acción de estos artilugios (varios centenares de los 3000 que se aprobaron para todo el territorio galaico fueron a parar a sus montañas), y a la que le ha sido extirpada dos tercios de su belleza original.

 

O Xistral (Lugo)

 O Xistral (Lugo). Un paisaje antaño único, que ahora sucumbe ante el progreso.

 

Es en Galicia, al noroeste de la Península Ibérica y por su especial situación geográfica, donde los imparables parques eólicos han decidido instalarse si cabe, con más voracidad. Buena cuenta de ello es el número aproximado de "muíños" que pueblan la tierra galaica, como así se les llama en algunas zonas, y que han cubierto casi por completo como si de un manto blanco se tratara, montañas y parques adscritos a la cada vez más sospechosamente menguante Red Natura 2000 desde que la Xunta es presidida por el gobierno actual, generando ahora mismo más de 3.300 MW del citado total; comprendiéndose aquí que el cálculo se estima al alza y siempre en el supuesto de que cada una de las unidades trabajen en condiciones óptimas.

 

 

A vista de pájaro.

Más de 18 millones son las aves que mueren cada año según distintos organismos internacionales y conservacionistas como el que se muestra bajo el sello SEO/Birdlife. Cinco mil aves pluma arriba o pluma abajo en el caso de Galicia, partidas literalmente en dos y a veces todavía más destrozadas. Hembras, a veces especies protegidas y en peligro de extinción, aunque a la administración de la Xunta tal masacre anual no parece importarle como tampoco parece tener visos de que vaya a hacerlo algún día. Y es que a día de hoy, en pleno 2014, está claro que la Xunta de Galicia camina en otra dirección que no contempla el respeto a las distintas opiniones contrarias, como las suscitadas por vecinos, asociaciones y comunidades de montes, llegándose al extremo de ocultar planos y documentos a los afectados hasta el último momento.

Todavía nadie desde las oficinas de A Coruña parece demasiado interesado en el asunto ni confiado en atajar o mitigar el problema, ni siquiera desde el Gobierno Central, intentando así de alguna manera realizar un censo fiable. Quién sabe si por temor a descubrir la cruda realidad. Mucho más grave también, teniendo en cuenta que, como ya hemos dicho, gran parte de los aerogeneradores se encuentran precisamente en mitad de los parques naturales y por ende en las rutas de vuelo de muchísimas aves migratorias, como así se denuncia desde infinidad de grupos ecologistas y técnicos relacionados con el medio ambiente.  Y eso sin contar el destrozo del hábitat en el cual conviven muchas y variadas especies, en favor del desarrollo y bajo las hélices; pastoreo de animales, destrucción de cañadas y pasos, así como la desaparición paulatina de ecosistemas completos durante y después de la construcción de los parques. Por hacer un símil, podríamos compararlo con la carretera que cruza el parque de Doñana, en la que los linces, especie protegida y emblemática, mueren cada año sin que nadie quiera –del verbo querer– hacer nada

Como apunte, citemos a Heikki Willstedt, director de Políticas Energéticas de AEE (obviamente interesado en llevarse su parte del pastel), quien afirma con total estridencia que: «Toda persona que pasara una hora en un parque eólico debería poder ver varios accidentes. Yo no los vi, ni conozco a nadie que lo haya hecho. Ni las cámaras que se han puesto en los parques eólicos lo han detectado» No sé qué piensan ustedes, pero basar una triste realidad en datos de organizaciones privadas o gubernamentales, y un día de paseo por el campo, es cuanto menos, como sus afirmaciones, poco fiables. 

 

Daños colaterales eólicos

Daños colaterales según la Xunta, que no merece la pena investigar. 5000 vidas al parecer no son suficientes. 

 

 

Comuneros y habitantes del rural.

Sin duda los que menos voz y voto tienen. Se dijo en su momento, tras el préstamo indefinido de propiedades en favor de las empresas adjudicatarias –expropiadas en realidad o valoradas a precios irrisorios– que el rural se vería engordado por pingües y sonantes beneficios; no viendo ni resueltas sus dudas ni todas aquellas ventajas que se decía que los parques eólicos insuflarían a raudales en los mismos terrenos y montañas que sus abuelos tuvieron que trabajar. Y es que, al igual que a todos ellos, a nosotros también se nos vendió algo que a priori era altamente beneficioso, que daría vida nueva a los pueblos más apartados y que crearían nuevos empleos relacionados. Pero al final nada de nada, y llama bastante la atención descubrir como a la gran mayoría de los ciudadanos cuando se les pregunta acerca de las consecuencias o virtudes de la energía eólica, es casi unánime la creencia de que es una energía limpia, barata, y que, de ser así, no puede ser de ninguna manera perjudicial. (Baste con salir a la calle y preguntar).

Desde su implementación por vez primera a mediados de los años noventa; aunque nunca sin contar con el beneplácito de algunas asociaciones ecologistas, núcleos y comunidades rurales, así como congregaciones preocupadas por su entorno más próximo (Mendiko Lagunak, Sierra de Santa Bárbara, Plataforma europea, etc), los parques eólicos en Galicia han proliferado como un auténtico cáncer. Intereses ocultos como  la minería a cielo abierto (totalmente contraria a la protección del medio ambiente, además de su elevado impacto paisajístico), ríos contaminados, pesticidas en las fuentes hasta ese momento potables, carreteras, embalses, llenan ese vacío legislativo y amoral con el que muy bien casan los propósitos de la administración. Hablaban de desarrollo, hablaban de oportunidades, pero lo cierto es que, al menos en Galicia y al contrario que en otros puntos de Europa, el rural también ha perdido terreno a favor de la implantación de estos gigantes con pies de cemento. Y todo ello sin que de alguna manera hayan visto aumentada las arcas los pueblos ni incentivado su desarrollo.

Y aún así, la energía obtenida de la fuerza del viento continúa siendo considerada actualmente como una de las más destacadas soluciones al controvertido problema del cambio climático; no en vano, no requiere de tipo de inducción alguna que genere residuos o gases contaminantes (al menos que hoy día se conozca). Sin embargo, desde el punto de vista social, personal y ambiental, puede que esta no sea la opción más segura ni la más rentable.

 

Muerte aves eólica

 

Sólo nos quedan muchas preguntas y dudas. Si bien nadie se opone a su uso ni niega sus beneficios a largo plazo, lo cierto es que existe actualmente un moderno y creciente sentimiento proteccionista ante todo lo que rodea a este sistema de captación. No en vano, precisamente en Galicia y en el norte en general -relegando el uso de placas solares al sur- es donde más se hace notar el impacto de la energía eólica. De hecho, se observa cómo a pesar de su mediano tamaño, el grueso de los parques eólicos e hidroeléctricas coloca a la comunidad en el tercer puesto por número de aerogeneradores instalados, por detrás de otras como Castilla León y Castilla La Mancha; superando en más del doble a éstas por densidad (11,20 Mw por cada cien kilómetros cuadrados frente a los 5,85 de Castilla y León). Esto no sería demasiado sorprendente, de no ser que Galicia es por extensión bastante menos de la mitad que sus competidoras; con lo cual el impacto visual y medioambiental es mucho mayor, dándose el caso de viajeros que, circulando por cualquiera de sus autovías principales, llegan a encontrarse en varias ocasiones en mitad de grandes sierras teñidas de blanco.

Generar sí, pero no a costa de lo que sea, ¿pero cuánto? Tal profusión de aerogeneradores, ¿cómo se traduce en riqueza? Y es que gran parte de sus ríos y montañas son usadas ahora impunemente para aportar más del 10% de la energía eléctrica nacional. Esto debería repercutir en igual beneficio y obviamente no es así; cualquiera que se haya podido pasear por los muchos ríos, pueblos y lagos, cuencas y montañas de Galicia, sabrá que el coste de tanto destrozo resulta tanto impagable como irrecuperable. ¿Consumimos y gastamos tanto? ¿Cuántos de ustedes no se han sorprendido al ver casi siempre paradas, incluso con viento fuerte, cualquiera de las hélices que en teoría deberían de estar en funcionamiento? ¿Seguridad? ¿Autorregulación? Nos atreveríamos a decir, al menos en mi caso personal, que las he visto paradas durante meses. ¿Ha valido entonces la pena no sólo el gasto invertido sino toda la alteración posterior del medio que ocupa?  

 

Da que pensar...

 

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